PEQUEÑO Y SOLITARIO DIARIO NOCTURNO QUE PARECE UN VERSO
DOMINGO. Ya es de noche y es tarde: Es tarde, estoy algo
cansada ya. Me pregunto qué será lo que
me impulsa a tomar este trabajo de fantasear algo todo el tiempo. Tengo la
curiosidad de encontrar alguna respuesta, algún indicio. Pero no es fácil. Toda la vida parece ser un
gran misterio, que se hace más real cuanto más doloroso. Cuánta densidad.
En las circunstancias
más tenues, cuando el dolor no acicatea y nos deja respirar un poco, la vida parece
no tener una entidad tan fuerte, se desvanece, nos llena de dudas. Sólo ante el dolor se define fuertemente la
existencia. Será así que el dolor es universal
a todas las criaturas? No sólo estoy pensando
en cuestiones de supervivencia de orden biológico. Pienso en el dolor profundo
de estar vivo, en esa daga clavada en el alma.
Tengo al dolor como
señal de lo vital. La posibilidad de la felicidad es siempre tan intemporal.
Hay momentos de dolor que
quisiera olvidar, pero me asaltan en pequeños recuerdos que perturban cualquier
intento de futilidad. No hay caso, no
puedo tomarme casi nada livianamente,
nada en realidad.
Es tarde, estoy algo cansada
ya. Estoy ejercitando un cerebro agotado
por un día que resultó ser un tanto disperso.
Y acabo de descubrir el secreto del interlineado de este Word de
miércoles. Bueno, un pequeño descubrimiento es mejor que nada.
Volviendo a la filosofía
cotidiana, cuanto más real pretendo ser al explicar algo, más abstracta me
vuelvo y todo se me escapa hacia el borde.
Y no tengo idea que cuernos hay en ese borde.
En fin, estoy alerta, pero algo
dormida ya. Eso es comprensible, mi alma
está expectante, decidida, emprendiendo el camino otra vez. Y se torna algo ansiosa, si eso es posible al
alma. Pero los tiempos de mi cuerpo son
acotados, no me responden bien.
El mañana será de otro día más determinado. Que lo intente. La certeza suicida del miedo
y la ambigüedad sabia de la razón. Versos.
Y ya me venció el cansancio y las
letras comienzan a equivocarse demasiado seguido. Me iré a dormir pero dejaré mi sombra alerta,
por si acaso.
LUNES. Sigue siendo tarde aunque es otra noche: Me
siento frente al teclado como si fuese a pintar con palabras sentimientos
escondidos detrás de unas emociones algo primitivas y misteriosas. Ya lo dije ayer, la vida resulta un misterio
que asusta en cuanto nos ponemos a pensar en ella. Hay que lograr vivirla sin pensarla al mismo
tiempo. No es tan fácil. Para los que somos un poco lentos y desfasados
de la existencia previsible, algunas ideas nos pegan por la espalda y nos dan
vuelta. Las sorpresas nos marean. A cada
paso se mueve el piso. Y es casi imposible no pensar en eso.
En fin, será por estas cuestiones
que me gusta escribir. Aprisionar alguna
cosa con signos convenidos. Desarrollar historias y guardarlas en códigos
secretos que maneja toda la humanidad y toda la humanidad oculta por las
dudas. Y además, hay un montón de
variables para disimular y también para fundamentar lo evidente sin convertirlo
en cierto, por si acaso. En eso estamos.
La noche infunde más confusión a los
divagues. Pero es sólo una apariencia.
Y bueno, disculpen, la realidad
me es esquiva. Le temo, le desconfío. Yo me sentía inmersa en una realidad virtual
mucho antes de conocer el ciberespacio y la masividad de internet. Era una persona bastante desubicada. No es que ahora haya mejorado mucho, pero
disimulo mejor, sin duda.
En mis primeros años no me
llevaba bien con mi cuerpo material. Y
conste, para la mayoría de las personas la realidad sigue siendo sólo materia
aún hoy. Y en mis primeros años yo
sentía esa materia como algo doloroso y difícil de llevar. Y mi ser espiritual me acosaba. Pero no podía despertar y compaginarme casi
nunca. Fui mejorando a la velocidad de mis sufridas y aguerridas células.
Y en eso estamos. Tratando de ser una unidad de vida
autoconsciente y creativa. Qué
significará esto exactamente?
Que tengo un ego más grande que el de una tortuga, por ejemplo. Y de noche me
ataca con más fuerza. Tendrá que ver con
la Luna, sin duda. La bella Luna.
Cómo quisiera que yo y mi sombra pudiésemos dormir juntas
esta noche. Y despertar.
Un deseo para alimentar el sueño…
MARTES. Me preparo pero no sé si llego. Será la noche venidera una ilusión?: Sí. Fue una ilusión. Estuve entretenida en varias cosas serias y
ahora ya es lunes de nuevo.
que… Es El tiempo es tan elástico, no sé cómo podemos aprisionarlo en un reloj. Engañándonos, claro, haciendo como una
representación, salvo en nuestras células…
Pero esperemos a la noche, el día
está inmaduro.
LUNES. Otra vez, la vida se repite otra vez. Y no avisa: En
esta nueva pero parecida noche siento que yo no soy la misma. Sé que no es novedosa la sensación, pero en
este momento de mi vida la cuestión toma una dimensión más alarmante. La mente tiene su tiempo propio, o sus varios
tiempos propios que a veces coinciden con los hechos de la vida cotidiana y a
veces no. En esta instancia me
desconcierta un poco.
No puedo evitar que la noche
vuelque su extraña luz sobre mí. Y me
convierta en algún raro vampiro de mí misma.
Me devoro la sangre tratando de averiguar qué cosa pasa conmigo. Y la verdad que no avanzo demasiado. Me siento tan extraña y siento tan extraña
toda la existencia, como casi siempre. Y
casi nunca es lo mismo…
Que pasa en los
momentos en que “casi” las cosas tienen sentido? Son una interrupción en la eternidad? Un instante donde lo que es, repentinamente ya no es más? O una ilusión que apenas se acomoda ya desaparece y deja su huella?
Estas inquietudes que he tenido
toda la vida que recuerdo, vienen ahora que me acerco a la vejez tan
rápido que me da vértigo, y no tengo el consuelo de un propósito contundente,
cualquiera fuese semejante cosa. A pesar
de estar ocupada en algún que otro detalle de la vida que inventamos para
distraernos, no consigo distraerme
tanto, y menos de noche.
Y menos cuando una
interrupción en la inmensidad del tiempo, eterna noche, me hiere con la
impiedad de lo que permanentemente sucede y sólo vemos cuando nos toca por un
instante de pasajera y dolorosa luz. No puedo poner en la existencia ficticia
de las palabras el temor complejo de ese momento que se avecina vestido de
fantasma. Por eso hablo de cosas
metafísicas deseando que me rocen apenas las luces traidoras del tiempo y no me hieran.
Siempre será lo mismo
pero en orden aleatorio. No te vayas por ahora. No te vayas sufriendo.
Y mi sombra dormirá lejos de mí, vigilando.
MARTES. Me preparo
pero no sé si llego. Será la noche
venidera una ilusión?: Si lo fue, sobrevivimos de todos modos. Hablemos en plural. Hemos encontrado en algún
momento que nos vemos mejor reflejados en otro.
Y que todo se manifiesta en la mirada y la piel de otro, para ser mejor
interpretado. Tener hijos es la
expresión máxima de esta verdad, la más honda.
Los hijos nos van mostrando mejor que nadie quienes somos. Ser uno mismo
al final, es ser junto a los otros, en el mejor de los casos equidistante de
los que integran nuestro universo personal.
Pero el acierto sucede con
cualquier cosa que tenga alguna forma de vida.
Y toda separación es un paso doloroso. Hay que resignarse y tener
esperanza.
Somos una cantidad incalculable
de la misma unidad a lo largo de nuestra vida. Pero en fin, así vivimos. En el presente que es siempre otro porque
nunca es. Con nuestra humanidad que es única y lo será siempre mientras nunca
sea la misma, inexorablemente reflejada en otro. Y el alma, vida mía? Y el espíritu?
Enseguida vuelvo…
Mejor dejo preparada la siguiente noche, con la esperanza de
encontrarla.
OTRO JUEVES. El
miércoles desapareció, como tantos otros días: No sé qué decir. Estuve distraída y los días se pasaron en
cosas intrascendentes o fundamentales. Qué
se le va a hacer. Y varias noches, como siempre, misteriosas. Y acá estoy.
Filosofando sin justificación
alguna. No tengo nada que me justifique,
la verdad. Es una manía como cualquier
otra. Algunos hacen crucigramas, o
recuerdan las películas que alguna vez vieron o leen afanosamente. En fin, yo, como si estuviese haciendo algo.
Sigamos. La noche me trae otra
vez su misterio y su imposibilidad. Su
deseo del día y su temor. Qué clase de
criatura soy que todo me cuesta tanto.
El afuera. Pensarme, verme.
Quizás sólo soy pretenciosa.
De chica pensaba que algo malo
pasaba conmigo. Que algo me
faltaba. En la adolescencia fue peor,
pero el problema es que sigo así. En
fin, hay tantas cosas inconclusas en esta vida.
Si lo pensamos bien, intensamente, todo estará inconcluso. No
hay modo de encontrar el principio y el fin si hilamos fino. Todo comienza a partir de algo ajeno y termina
en otra cosa, así que la muerte se torna en algo extraño. Un cambio, un giro
esencial, un salto a otro acto.
En fin, resignémonos, hay una
parte de la existencia en la que seguramente no tenemos ni parte ni arte. Ni en el comienzo ni en el final. Nadie deseó
nacer ni desea morirse, salvo que ya esté medio muerto. Sin embargo es
inevitable. Puede ser inevitable un deseo que no existió? Puede algo existir si
no fue deseado?
Lo bueno es que no hay a donde
reclamar.
Sólo dormirá mi sombra esta
noche.
VIERNES: Sigo tan dispersa como siempre, pero es marca de
fábrica. La distracción es otra cosa. Es por exceso de imágenes. Se me amontonan en el cerebro y me distraen,
me asaltan sin aviso, descolgadas de la situación del momento. Lo peor es que cuando las quiero rescatar, con frecuencia se fueron al diablo.
El viernes es un día agradable en
el almanaque. Cosas de la cultura del
trabajo, que nos quita parte de la vida y nos engaña con fines de semana. En el
mejor de los casos, claro. Ya sé que
esto es viejo en nuestro mundo, lo que es novedoso es la total resignación, la
adaptación sin resquicio de rebeldía. Últimamente pienso mucho en George
Orwell. Tengo miedo de volver a leer “1982” y descubrir que ya estoy dentro de
su novela.
Me dispersé y me puse
dramática. Ataques de realidad.
El arte ayuda. No sé si los viernes a la noche, pero en
general, ayuda. A pesar de que se lo
ordena y disciplina constantemente. A pesar de ese conformismo elitista
disfrazado de libertario que convierte “todo” en arte.
Últimamente no me
aguanto cierto arte “escolar”. Esas obras que parecen salidas de la infancia
sin procesar demasiado y que juegan con la simpleza sin inteligencia y sin
emotividad. El arte es un juego, pero un juego de adultos profundo y
comprometido con sí mismo, como es el juego de los niños.
Es demasiado para un viernes a la noche ponerse a analizar
cuestiones de arte y así, en soledad. Y
además no todo está perdido, sólo lo más promocionado.
Me venció el tedio. A veces me canso de mí misma.
Me voy a pasear con mi sombra
bajo la Luna.
julio de 2014