Por ahora es sólo una idea, una necesidad y un alarde. Pero me gustaría escribir alguna cosa que me inquiete y compartirla.
Y algunos atrevidos versos.

jueves, 17 de julio de 2014

POEMAS TAN TONTOS


Ya no lo sé
Hubo un momento, largo, largo,
en que yo sabía bastante, suficiente,
y declinaba la duda sobre lo cotidiano.


Broma
No tenía sentido del humor.
Debí saber que era en serio.


Sutilezas
Creo que este verso ya lo escribí.


Sorpresa
La vida era tenue de pertinaz tranquilidad
cuando me arrancó de pronto una sonrisa.


No lo supe
Te recordé apenas fuiste olvidado
y convertí el pasado en un acierto.


En el ritmo
Locura en la suave piel de los comienzos
el ardor en la completa noche del deseo
cuando lo posible se trasluce verdadero.


Verdadero o falso
No recuerdo ahora si será después de esta noche
en el futuro cercano de otro día distinto
esa luminosidad embriagadora que envuelva mi piel.





PEQUEÑO Y SOLITARIO DIARIO NOCTURNO QUE PARECE UN VERSO

DOMINGO. Ya es de noche y es tarde: Es tarde, estoy algo cansada ya.  Me pregunto qué será lo que me impulsa a tomar este trabajo de fantasear algo todo el tiempo. Tengo la curiosidad de encontrar alguna respuesta, algún indicio.  Pero no es fácil. Toda la vida parece ser un gran misterio, que se hace más real cuanto más doloroso. Cuánta densidad.

En las circunstancias más tenues, cuando el dolor no acicatea y nos deja respirar un poco, la vida parece no tener una entidad tan fuerte, se desvanece, nos llena de dudas.  Sólo ante el dolor se define fuertemente la existencia.  Será así que el dolor es universal a todas las criaturas?  No sólo estoy pensando en cuestiones de supervivencia de orden biológico. Pienso en el dolor profundo de estar vivo, en esa daga clavada en el alma.

Tengo al dolor como señal de lo vital. La posibilidad de la felicidad es siempre tan intemporal.

Hay momentos de dolor que quisiera olvidar, pero me asaltan en pequeños recuerdos que perturban cualquier intento de futilidad.  No hay caso, no puedo tomarme casi nada livianamente,  nada en realidad. 
Es tarde, estoy algo cansada ya.  Estoy ejercitando un cerebro agotado por un día que resultó ser un tanto disperso. Y acabo de descubrir el secreto del interlineado de este Word de miércoles.  Bueno, un pequeño descubrimiento es mejor que nada.

Volviendo a la filosofía cotidiana, cuanto más real pretendo ser al explicar algo, más abstracta me vuelvo y todo se me escapa hacia el borde.  Y no tengo idea que cuernos hay en ese borde.

En fin, estoy alerta, pero algo dormida ya.  Eso es comprensible, mi alma está expectante, decidida, emprendiendo el camino otra vez.  Y se torna algo ansiosa, si eso es posible al alma.  Pero los tiempos de mi cuerpo son acotados, no me responden bien. 

El mañana será  de otro día más determinado.  Que lo intente. La certeza suicida del miedo y la ambigüedad sabia de la razón. Versos.

Y ya me venció el cansancio y las letras comienzan a equivocarse demasiado seguido.  Me iré a dormir pero dejaré mi sombra alerta, por si acaso.

LUNES. Sigue siendo tarde aunque es otra noche: Me siento frente al teclado como si fuese a pintar con palabras sentimientos escondidos detrás de unas emociones algo primitivas y misteriosas.  Ya lo dije ayer, la vida resulta un misterio que asusta en cuanto nos ponemos a pensar en ella.  Hay que lograr vivirla sin pensarla al mismo tiempo.  No es tan fácil.  Para los que somos un poco lentos y desfasados de la existencia previsible, algunas ideas nos pegan por la espalda y nos dan vuelta.  Las sorpresas nos marean. A cada paso se mueve el piso. Y es casi imposible no pensar en eso.

En fin, será por estas cuestiones que me gusta escribir.  Aprisionar alguna cosa con signos convenidos. Desarrollar historias y guardarlas en códigos secretos que maneja toda la humanidad y toda la humanidad oculta por las dudas.  Y además, hay un montón de variables para disimular y también para fundamentar lo evidente sin convertirlo en cierto, por si acaso.  En eso estamos.

La noche infunde más confusión a los divagues.  Pero es sólo una apariencia.

Y bueno, disculpen, la realidad me es esquiva.  Le temo, le desconfío.  Yo me sentía inmersa en una realidad virtual mucho antes de conocer el ciberespacio y la masividad de internet.  Era una persona bastante desubicada.  No es que ahora haya mejorado mucho, pero disimulo mejor, sin duda.

En mis primeros años no me llevaba bien con mi cuerpo material.  Y conste, para la mayoría de las personas la realidad sigue siendo sólo materia aún hoy.  Y en mis primeros años yo sentía esa materia como algo doloroso y difícil de llevar.  Y mi ser espiritual me acosaba.  Pero no podía despertar y compaginarme casi nunca. Fui mejorando a la velocidad de mis sufridas y aguerridas células.

Y en eso estamos.  Tratando de ser una unidad de vida autoconsciente y creativa.  Qué significará esto exactamente?

Que tengo un ego más grande que el de una tortuga, por ejemplo.  Y de noche me ataca con más fuerza.  Tendrá que ver con la Luna, sin duda.  La bella Luna.

Cómo quisiera  que yo y mi sombra pudiésemos dormir juntas esta noche.  Y despertar.

Un deseo para alimentar el sueño…

MARTES. Me preparo pero no sé si llego.  Será la noche venidera una ilusión?: Sí.  Fue una ilusión.  Estuve entretenida en varias cosas serias y ahora ya es lunes de nuevo.

que…   Es El tiempo es tan elástico, no sé cómo podemos aprisionarlo en un reloj.  Engañándonos, claro, haciendo como una representación, salvo en nuestras células

Pero esperemos a la noche, el día está inmaduro.

LUNES. Otra vez, la vida se repite otra vez. Y no avisa: En esta nueva pero parecida noche siento que yo no soy la misma.  Sé que no es novedosa la sensación, pero en este momento de mi vida la cuestión toma una dimensión más alarmante.  La mente tiene su tiempo propio, o sus varios tiempos propios que a veces coinciden con los hechos de la vida cotidiana y a veces no.  En esta instancia me desconcierta un poco. 
No puedo evitar que la noche vuelque su extraña luz sobre mí.  Y me convierta en algún raro vampiro de mí misma.  Me devoro la sangre tratando de averiguar qué cosa pasa conmigo.  Y la verdad que no avanzo demasiado.  Me siento tan extraña y siento tan extraña toda la existencia, como casi siempre.  Y casi nunca es lo mismo…

Que pasa en los momentos en que “casi” las cosas tienen sentido?  Son una interrupción en la eternidad? Un instante donde lo que es, repentinamente ya no es más?  O una ilusión que apenas se acomoda ya desaparece y deja su huella?   

Estas inquietudes que he tenido toda la vida que recuerdo,   vienen ahora que me acerco a la vejez tan rápido que me da vértigo, y no tengo el consuelo de un propósito contundente, cualquiera fuese semejante cosa.  A pesar de estar ocupada en algún que otro detalle de la vida que inventamos para distraernos,  no consigo distraerme tanto, y menos de noche.

Y menos cuando una interrupción en la inmensidad del tiempo, eterna noche, me hiere con la impiedad de lo que permanentemente sucede y sólo vemos cuando nos toca por un instante de pasajera y dolorosa luz. No puedo poner en la existencia ficticia de las palabras el temor complejo de ese momento que se avecina vestido de fantasma.  Por eso hablo de cosas metafísicas deseando que me rocen apenas las luces traidoras del tiempo y no me hieran.

Siempre será lo mismo pero en orden aleatorio. No te vayas por ahora. No te vayas sufriendo.

Y mi sombra dormirá lejos de mí, vigilando.


MARTES. Me preparo pero no sé si llego.  Será la noche venidera una ilusión?: Si lo fue, sobrevivimos de todos modos.  Hablemos en plural. Hemos encontrado en algún momento que nos vemos mejor reflejados en otro.  Y que todo se manifiesta en la mirada y la piel de otro, para ser mejor interpretado.  Tener hijos es la expresión máxima de esta verdad, la más honda.  Los hijos nos van mostrando mejor que nadie quienes somos. Ser uno mismo al final, es ser junto a los otros, en el mejor de los casos equidistante de los que integran nuestro universo personal.

Pero el acierto sucede con cualquier cosa que tenga alguna forma de vida.  Y toda separación es un paso doloroso. Hay que resignarse y tener esperanza.

Somos una cantidad incalculable de la misma unidad a lo largo de nuestra vida.  Pero en fin, así vivimos.  En el presente que es siempre otro porque nunca es. Con nuestra humanidad que es única y lo será siempre mientras nunca sea la misma, inexorablemente reflejada en otro.  Y el alma, vida mía?  Y el espíritu?

Enseguida vuelvo…
Mejor dejo preparada la siguiente noche, con la esperanza de encontrarla.

OTRO JUEVES. El miércoles desapareció, como tantos otros días: No sé qué decir.  Estuve distraída y los días se pasaron en cosas intrascendentes o fundamentales.  Qué se le va a hacer. Y varias noches, como siempre, misteriosas. Y acá estoy.

Filosofando sin justificación alguna.  No tengo nada que me justifique, la verdad.  Es una manía como cualquier otra.  Algunos hacen crucigramas, o recuerdan las películas que alguna vez vieron o leen afanosamente.  En fin, yo, como si estuviese haciendo algo.

Sigamos. La noche me trae otra vez su misterio y su imposibilidad.  Su deseo del día y su temor.  Qué clase de criatura soy que todo me cuesta tanto.  El afuera. Pensarme, verme.  Quizás sólo soy pretenciosa.
De chica pensaba que algo malo pasaba conmigo.  Que algo me faltaba.  En la adolescencia fue peor, pero el problema es que sigo así.  En fin, hay tantas cosas inconclusas en esta vida.

Si lo pensamos bien, intensamente, todo estará inconcluso. No hay modo de encontrar el principio y el fin si hilamos fino.  Todo comienza a partir de algo ajeno y termina en otra cosa, así que la muerte se torna en algo extraño. Un cambio, un giro esencial, un salto a otro acto.

En fin, resignémonos, hay una parte de la existencia en la que seguramente no tenemos ni parte ni arte.  Ni en el comienzo ni en el final. Nadie deseó nacer ni desea morirse, salvo que ya esté medio muerto. Sin embargo es inevitable. Puede ser inevitable un deseo que no existió? Puede algo existir si no fue deseado?

Lo bueno es que no hay a donde reclamar.
Sólo dormirá mi sombra esta noche.

VIERNES: Sigo tan dispersa como siempre, pero es marca de fábrica. La distracción es otra cosa. Es por exceso de imágenes.  Se me amontonan en el cerebro y me distraen, me asaltan sin aviso, descolgadas de la situación del momento.  Lo peor es que cuando las quiero rescatar,  con frecuencia se fueron al diablo.

El viernes es un día agradable en el almanaque.  Cosas de la cultura del trabajo, que nos quita parte de la vida y nos engaña con fines de semana. En el mejor de los casos, claro.  Ya sé que esto es viejo en nuestro mundo, lo que es novedoso es la total resignación, la adaptación sin resquicio de rebeldía. Últimamente pienso mucho en George Orwell. Tengo miedo de volver a leer “1982” y descubrir que ya estoy dentro de su novela.

Me dispersé y me puse dramática.  Ataques de realidad. 

El arte ayuda.  No sé si los viernes a la noche, pero en general, ayuda.  A pesar de que se lo ordena y disciplina constantemente. A pesar de ese conformismo elitista disfrazado de libertario que convierte “todo” en arte.

Últimamente no me aguanto cierto arte “escolar”. Esas obras que parecen salidas de la infancia sin procesar demasiado y que juegan con la simpleza sin inteligencia y sin emotividad.  El arte es un juego, pero un juego de adultos profundo y comprometido con sí mismo, como es el juego de los niños.

Es demasiado  para un viernes a la noche ponerse a analizar cuestiones de arte y así, en soledad.  Y además no todo está perdido, sólo lo más promocionado. 

Me venció el tedio.  A veces me canso de mí misma.
Me voy a pasear con mi sombra bajo la Luna. 

julio de 2014